En 1975, el rey muere y el país se tambalea

entre el pasado y el futuro. En un pueblo

andaluz, la bruja Concepción, ciega desde la

infancia, vive aislada en una casa de piedra con

sus hierbas y sus recetas prohibidas. Su

existencia es un secreto guardado por el peso de

los años y la vergüenza de su oficio.

Un día, un joven periodista llega buscando

respuestas sobre una serie de desapariciones en

la zona. No sabe que su presencia activará algo

dormido. La bruja, al tocar la puerta de su casa

por primera vez en décadas, rompe una regla

antigua: nunca dejar que un extranjero entre.

El ritual que se desencadena no es el que ella

planeaba. La profecía, escrita en un libro de

hojas amarillentas, habla de una mujer que

elegirá entre dos caminos: salvar al pueblo o

permitir que se ahogue en su propia historia. La

bruja, sin ver, siente el peso del destino como

si fuera un cuchillo en la espalda.

Las autoridades, temiendo lo que podría salir de

ese pueblo, envían a un oficial de policía con

órdenes de cerrar el caso. Pero el oficial,

exiliado político y viejo amigo de Concepción,

sabe que detrás de las desapariciones hay más

que misterios.

La bruja, atrapada entre la lealtad a su pueblo

y el miedo a lo que podría convertirla en un

símbolo, decide quemar el libro. Pero el fuego

no consume las páginas; en cambio, revela un

mapa oculto que muestra la ubicación de una

cueva donde se esconde el alma del pueblo.

Al final, el joven periodista encuentra a las

desaparecidas, pero la bruja ya ha hecho su

elección: se queda en la cueva, sellando el

camino hacia un futuro incierto. El pueblo sigue

adelante, pero nadie olvida el nombre de

Concepción.

La melancolía de la historia permanece en el

aire, como el eco de un canto antiguo.